domingo, 23 de septiembre de 2012

Otra

Primero, la Otra usó su ropa. Comió en su plato, durmió en su cama, caminó en sus zapatos.
Se cortó el flequillo (porque Ella usaba flequillo), estudió sus letras, trabajó con niños.
No había caso. La Otra no lograba ser Ella y el Hombre lo notaba.

Entonces, la Otra se le presentó a Ella en su casa.
- ¿Qué hacés acá?- preguntó Ella.
- Quiero tu piel- dijo la Otra y la tomó por los pelos y le ató las manos.
La colgó en la pared como una estrella. Los brazos abiertos, las piernas abiertas. Desnuda.
Y empezó a trabajar con el cuchillo como si la dibujara. Una línea aquí, un trazo allá.
Repasó los cortes con el dedo y observó su obra. Sonrió satisfecha. Estaba lista. Ahora venía lo mejor.

La Otra le retiró a Ella la piel muy poco a poco para no romperla. La dobló con cuidado como si fuera una prenda de seda y se la llevó.

A la noche, la Otra vistió la piel de Ella. Y se metió en la cama.
El Hombre dijo Ella en un susurro y la Otra se estremeció. El amor fue más dulce que otras veces y el sexo, más desenfrenado.

- Ya estamos- pensó la Otra pero no. Al día siguiente todo fue igual. El cielo seguía gris y ella todavía era la Otra.
El odio se le hizo más intenso. Volvió a la casa de Ella (que seguía viva, inconsciente, suplicante).
La Otra tomó el cuchillo con cuidado, lo clavó en el pecho de Ella y le quitó el corazón.

Una vez en la casa del Hombre, se dispuso a preparar la cena. Peló, picó, hirvió. Sazonó, doró, glaceó.
Puso el mantel amarillo y las servilletas rojas, los candelabros de cristal, los platos de fiesta. Encendió las velas. El aroma ocupaba el ambiente.
- ¿Festejamos algo?- preguntó el Hombre.
- Nada especial- dijo la Otra y sirvió la comida. Corazón al vino blanco con puré de calabazas.

martes, 4 de septiembre de 2012

jueves, 9 de agosto de 2012

Estereotipos y casualidades



                                                     

Smorrebrod af frikadeller

Edna pica la cebolla y la coloca en un bol. Le agrega la carne molida, el huevo y la harina. Piensa que en Dinamarca hubiera usado cerdo, pero aquí siempre es más económica la carne vacuna.  Revuelve enérgicamente. Salpimenta y mezcla otra vez.

Pone abundante aceite en una sartén y enciende la hornalla. Cuando el aceite chista, moja en él una cuchara sopera para que no se le pegue la masa de carne. Forma con rapidez una pequeña albóndiga y la echa en la sartén.

Mientras tanto,  Anders corta el pan de centeno en rebanadas gruesitas y las unta con abundante manteca.

Birgitt abre el frasco de pepinos agridulces. – Estoy embarazada.- dice.

Su hermano, Jan, dispone sobre la mesa las tablitas de madera, las servilletas, los vasos y la cerveza.

Edna retira de la sartén la primera tanda de frikadeller. Sin mirar a su hija, pregunta: - ¿Hans far er dansk?
-       No.
-       ¿Svensk?
-       No.
-       ¿Normand?
-       No. Es italiano. Se llama Claudio.
-       Lástima-, suspira Anders y coloca sobre la mesa la bandeja con el pan de
centeno. Edna trae la fuente con los frikadeller calientes. Birgitt corta rodajitas de pepino agridulce. Jan sirve un poco de cerveza en cada vaso.

Edna enciende la vela del centro de mesa. – Buen provecho- murmura a propósito en castellano y todos levantan sus vasos. Después del brindis, comenzarán a comer.


Agnolotti

Bianca coloca la harina sobre la mesada, con la mano hace un pozo en el centro, rompe en él los huevos e incorpora el queso rallado. Amasa y amasa. Se limpia la cara con el torso de la mano. Deja reposar la preparación.

Antonio lee el diario y comenta las noticias con Claudio, su hijo mayor.

Bianca elige una cebolla. La sopesa, la pela, la corta en rodajas. La dora a fuego lento en una cazuela con manteca. Agrega ajo y unas hojitas de romero. Incorpora la carne cortada en pedazos. Añade un poco de caldo.

Mientras tanto, Francesca lava un atado de espinacas.

-       Estoy embarazada.- Comenta en voz muy baja.
-       Che cosa dice?- pregunta la madre.
-       Shhht, que estoy embarazada….

Antonio levanta la vista por sobre los bifocales, se toma la cabeza con ambas manos, vocifera:
- COSA DICE??????  COSA DICE????

Bianca olvida la preparación. Llora. Se seca las lágrimas con el delantal (enseguida tiene el delantal empapado). – Che cosa?- sigue indagando- Il genitore ÿ Italiano?
-       Non ÿ Italiano.
-       Non ÿ Italiano!!!???

Claudio toma el diario y lo sacude, ventilando a la familia. Bianca se  aprieta el pecho con ambas manos, a la altura del corazón. Antonio se agarra la cabeza. Todos gritan al unísono. Francesca aclara: - Il Giappone. Stesso lama Nori.
- Nori? NORI???? Che nomi è Nori???

Bianca se recuesta. Alberto sale a dar una vuelta. Claudio sigue leyendo el diario.

Francesca hierve las espinacas con un poco de sal y luego las escurre y las pica junto a la carne cocida. Incorpora queso rallado, sal y pimienta.

Toma el bollo que su madre dejó reposando y lo estira con un palo de amasar. Divide la masa en dos partes. Sobre la primera coloca montoncitos  de relleno. Cubre con la otra lámina y presiona con los dedos alrededor de cada montoncito.

-       Giappone…- protesta Claudio.

Francesca ni mira a su hermano. Marca la pasta con el cortamasa metálico.  La cuece en una cacerola con caldo.

Bianca se levanta, escurre los agnolottis “al dente” y les agrega dos grandes trozos de manteca y una buena cucharada de queso parmesano.

Cuando Alberto vuelve de su caminata, Francesca ya puso la mesa. Bianca sirve una porción en cada plato y todos comen en silencio.


Dobin Mushi

Iku hierve unos huevitos de codorniz.  Corta los champiñones en cuartos y los cocina sólo siete minutos. Pela los langostinos y los cuece en sake por unos cuantos segundos.

Kita pela los huevos, acomoda las teteras dobin sobre la mesada.

Su madre prepara el caldo, mezclando todos los ingredientes y dándoles un hervor. Kita echa un huevo de codorniz en cada dobin, Iku agrega las setas, los langostinos, unos trocitos de pollo (que ya están listos sobre una fuente de bambú) y una lámina de kamaboko.

Fujio y Nori entran en la cocina e inclinan levemente sus cabezas. Se sientan a la mesa.

Iku reparte el caldo y al momento de servir, exprime una rodaja de lima en cada dobin.  Kita reparte las teteritas y como si nada, comenta:

-       Estoy embarazada.

Fujio toma su langostino con los palitos. Nori sorbe un trago de caldo. Iku pregunta:

-       Anata no okasan wa mihon jin desu ka.
-       No, no es japonés.- Responde Kita
-       Anata no okasan wa mihon jin desu ka.- Repite entre dientes Fujio.
-       Amerika jin desu. Nanae wa Kevin.

Fujio frunce el ceño, entrecierra los ojos, echa una mirada corta a su hija. – Vaka onna- murmura para sus adentros, y le da un mordisco al langostino.


Fried chicken and onion hoops

John enchufa la freidora eléctrica y pone a calentar en ella abundante aceite de oliva.  Lava los trozos de pollo.

Suena el teléfono. Dorothy avisa que llegará en unos minutos. Ya está tomando el ascensor. John mezcla en un bol la harina y la sal, añade los huevos ligeramente batidos y la leche. Funde la manteca en el microondas y la incorpora. Mezcla todos los ingredientes con la batidora de mano, hasta conseguir una masa fina y homogénea.

Desde el living se acercan las voces de la televisión. Kevin mira un viejo capítulo de Bonanza, mientras controla en su computadora portátil el desarrollo de sus negocios en la bolsa de Nueva York.

Dorothy llega justo a tiempo. Se lava las manos, toma los trozos de pollo y los sumerge en la pasta. Los va retirando de a uno. La masa que rodea al pollo es abundante, gotea. Y Dorothy tiene mucho cuidado de no ensuciar la cocina. Fríe las presas en el aceite hirviendo hasta dejarlas bien doradas.

Maggy abre la puerta. – Hi. – Saluda, deja su bolso en el perchero y se lava las manos. – Do you need any help?

No espera respuesta. Pela la cebolla y la corta en aros. John dispone harina, huevo y pan rallado en tres platos hondos. Maggy reboza los trozos de cebolla y los va abandonando a un lado.

-       Estoy embarazada- dice, a la par que echa el primer aro en el aceite caliente.
 – Y no se hagan ilusiones.  El padre “is not American”, -agrega, marcando las comillas con los dedos en el aire.

-       Shit.- responde John. Quita el exceso de grasa del pollo y  de los aros de
cebolla con papel absorbente. Sirve la comida y reparte los platos a la familia, que ya espera impaciente en el living. Hoy comienza la nueva temporada de Desperate housewives.


Churrasquito de cuadril con ensalada mixta

Amalia lava muy bien la plancha de hierro y la coloca sobre el fuego. En la Maternidad Suizo Argentina la seguridad es fundamental. Y la limpieza hace a la seguridad. Por lo menos eso le dijo la supervisora de cocina aquel día, cuando empezó a trabajar acá.

Edna y Anders llegan temprano a la clínica y suben a la nursery. Traen un ramo para la madre, un osito para el bebé y una botella y unas copas para el brindis.

Amalia le quita al cuadril los pellejos, los nervios y la grasa. Lava la carne en agua fría, la enjuaga con esmero. La sazona ligeramente con sal.

Bianca y Antonio se acercan corriendo. Están tan apurados, que tropiezan y confunden entradas, salidas, ascensores. No saben bien adónde ir. Y para peor, los paquetes para el bebé se escapan de las bolsas, las flores se marchitan, los habanos, los bombones, las tarjetas…

Amalia controla que la temperatura de la plancha sea la acertada. Una puntita de grasa alcanza. Si protesta y vocifera, está justo. Sí. Echa los churrascos. Elige la lechuga, la mejor lechuga.

Llegan Iku y Fujio. Recorren la recepción con pasos cortos. Enseguida encuentran el camino. Traen una pequeña cajita envuelta en papel de arroz. Dentro hay una semilla, para que la madre plante el árbol que crecerá con fuerza, siempre que el  niño esté saludable.

Amalia sumerge la lechuga y los tomates en un recipiente con agua fría y vinagre. Remueve un poco la verdura. Pela la cebolla y la corta en rebanadas. Voltea los churrascos.

Doroty y John ya están fatigados. Cargan una inmensa caja que contiene una cuna inteligente, llena de botones y lucecitas de colores que le indicarán a la mamá cuándo es hora de alimentar a su bebé, cuándo cambiarlo, cuándo conectar el CD con las canciones para dormir.

La enfermera mucama dispone las bandejas. Amalia acomoda los platos de churrasco con ensalada mixta. Y agrega unos sobrecitos con el aliño, para que cada quien condimente a su gusto la comida.

Un gran vidrio separa a los abuelos de sus  pequeños nietos. Hay alguno que berrea más que los otros. Y uno da unas pataditas muy simpáticas.

- Sikke en dejlig baby.- Dice Anders con una sonrisa y Edna le toma la mano.
-  Akanbou nohoppetaha biro-do noyouna tezawari gesuru- comenta Fujio
- Akanbou nohoppetaha biro-do noyouna tezawari gesuru-  Confirma Iku.
-  Che carino!!!!!!!- Grita Antonio y abraza a su esposa y juntos le hacen
morisquetas al bebé y golpean el vidrio y lloran con muchas lágrimas y muchos mocos.

- Oh, it´s a lovely lovely baby.- Susurra John  mientras le saca una foto al bebé.






sábado, 16 de junio de 2012

¡Ups!




-¡Prudence y la reputísima madre que te remilparió!- le espetó Amador frunciendo la cara por completo.

Prudence, dicho así en francés, la pintaba tal cual era. Rubia y alta. Sus manos eran fuertes pero estaban finamente trabajadas, con las uñas de un rosadito suave y el perfume de la crema Hinds adherido en la piel.
Amador, en cambio, era  bajo y gordito, llevaba siempre encima su traje azul de licenciado en relaciones públicas y su corbata fucsia. El reloj de oro puro lo ayudaba a lucir distinguido. Pero nada igualaba al ir acompañado de Prudence.
Se habían conocido hacía varios años en una misa privada, en el Convento de las Hermanas Adoratrices. Los dos eran voluntarios de esa institución y se veían a menudo en los encuentros, las reuniones y hasta en los retiros espirituales.
No tardaron en ponerse de novios. Amador estaba muy entusiasmado. Nunca antes había tenido una novia tan linda. Y tan virtuosa.

Al año de estar juntos, Amador empezó a pedirle a Prudence, pruebas de su cariño. Pero ella le respondió muy rápidamente, que ya Sor Umbelina se lo había anticipado. Quedaba claro que algo así le podía llegar a suceder. Y la monja había sido categórica: su obligación era llevar intactas al matrimonio sus prendas virginales.
Al principio, esta respuesta cubrió los sueños de Amador con una guirnalda de ternura infinita. Ellos ya no eran chicos desde hacía mucho y el hombre creyó entonces, que había llegado el momento de casarse.
Pero Prudence desestimó ese deseo. Dijo que había demasiado que preparar y que una boda no era una cosa que sucediera todos los dias. Ella le iba a avisar cuando estuviera lista. Y él esperó así, tan tranquilo.

Sin embargo, a los ocho meses y medio, a Amador le empezaron a entrar unas ganas profundísimas de tener sexo con su novia. No sabía cómo abordarla. Así que comenzó a llevarla a confiterías oscuras y sugerentes, que estuvieran cerca de hoteles transitorios.
Prudence no notó nada extraño hasta que un día, como por casualidad, dos dedos de Amador tocaron su rodilla.
-iUps!- dijo el hombre, percibiendo al instante la cara de disgusto de su novia y guardó de inmediato la mano en el bolsillo. La expresión de Prudence fue tan definitiva, que la siguiente estocada tuvo lugar recién cuatro meses más tarde.
Se estaban despidiendo en el zaguán de la casa de la novia, cuando Amador, que aparentemente le ayudaba a acomodarse la bufanda, le apoyó la mano en una teta.
El contacto duró sólo un segundo, pero alcanzó para que Prudence rompiera a llorar con tanto escándalo, que todas las luces del barrio se fueron encendiendo como luminarias de árbol navideño.
Amador se limitó a decir un “¡Ups!” bajito y arrepentido y no volvió a intentar ninguna aproximación con parte alguna del cuerpo de su novia sin tener de antemano su consentimiento expreso. Pero si se dedicó con mayor fervor a acelerar los trámites para arribar a la noche de bodas, la cual llegó casi un año después del último intento fallido.

El casamiento se celebró con todos los lujos. Cientos de invitados arribaron a la iglesia con sus vestidos de gala. Los murmullos y las risas se terminaron cuando el coro comenzó a entonar “Un beso y una flor”, de Nino Bravo. Las puertas de la iglesia se abrieron de par en par y allí estaba Prudence, radiante con su vestido blanco y su ramito de rosas rococó.
Amador esperaba junto al cura. No le quitó los ojos de encima ni un momento y, cuando la novia llegó junto a él, le tomó la mano con ternura y le dio un suave beso en la mejilla.
-       Estás divina- le murmuró al oído.
Después pasó lo de siempre. El cura dio su sermón, hizo las preguntas de rutina,
se pusieron los anillos, se besaron y salieron felices y contentos, caminando rapidito y sin torpezarse.


Pasada la fiesta de bodas, se fueron a un hotel muy lujoso en el centro de la ciudad. Amador se desnudó apurado y se metió en la cama. Las sábanas de seda no lograron enfriar el calor de su cuerpo. Estaba tan ansioso por tener a su esposa entre las manos, que la piel se le había puesto roja por completo. Todo en él estaba tenso.
Entonces la súbita presencia de Prudence, con su ropa interior de encaje blanco, sus medias con portaligas y su desabillé transparente se le ofreció como una ilusión. Una nube de perfume precedió su llegada a la cama.
La mano de uñas pulidas giró la manijita del velador para que la luz se atenuara. Recostándose en las sábanas suaves, con una voz grave y sensual le susurró a su marido:
-Vamos despacito, ¿sí?
Amador siguió obediente el pedido de su esposa. Con la punta de sus dedos acarició los cabellos rubios, poco a poco. Su boca se arrimó lentamente a los labios maquillados. Por primera vez, su lengua conoció esa cara, descubrió el sabor de esa piel tan blanca, transitó ese cuello fragante. Amador corrió con los dientes el corpiño de encaje y le dio un mordisco al pezón carmesí, mientras su mano derecha descendía deseosa de sumergirse en la selva de ese pubis tibio, reconfortante, nuevecito.

- ¡Prudence y la reputísima madre que te remilparió!- le espetó Amador frunciendo su cara por completo.
Sentada en la cama, Prudence lo miraba con los ojos muy abiertos. El corpiño le tapaba uno solo de los pechos, el desabillé le colgaba de un hombro y entre sus piernas descansaba, como haciéndose el muertito, su miembro viril y virgen.