sábado, 26 de abril de 2014



Caminan las palabras de Victoria, caminan sus ideas. Sus tristezas gotean con la escarcha, sus ardores suspiran en la hierba.

Es la vida misma la que está escondida. Y el cartón pintado atento la vigila.

Y nosotras disfrutamos del momento, del lugar, del espacio, del tiempo.

Sofía lee en un banco de madera. Victoria pasea y no pasea. Está y no está. Siempre será presencia.

El obturador chasquea su lengua de metal. Y yo bebo, chupo, mamo, absorbo. Quiero llevarme puesto el genio de los genios que habitaron esta casa. Quiero vestir las ropas del talento, quiero soñar los sueños de grandeza, quiero robarme el triunfo de esos héroes y dormirme en la certeza de que todo lo que debía hacer fue hecho.



viernes, 28 de marzo de 2014



La madre de los zapatos rojos entra en la sala de espera. Carga su bolso de Prüne, su Blackberry, su niñito de dos años y camisa cuadriculada.

Se sienta en la sala de espera y acomoda a su hijo sobre las piernas. Cuando el niño dice “ah”, le muestra uno y mil videos en el celular. El chico se revuelve en la falda de su madre y la mujer se impacienta.

—¿No te gustan estos videos?— le pregunta y no espera respuesta. Saca de su bolso una tablet para niños, la enciende y se la coloca al chico en las manos. — Mirá— le dice, como si fuera necesario.

El niño abre sus ojos y su boca.

Suena el blackberry y la madre, nerviosa, lanza a su hijo por los aires. Vuelan el chico y la tablet infantil y se estampan con estruendo contra el piso.

La madre de los zapatos rojos mira los mensajes de su teléfono, levanta a su hijo lloriqueante y comprueba si la tablet sigue ofreciendo sus servicios. Todo al mismo tiempo.

—Casi— le dice a la persona que espera a su lado. Y sigue con su celular y le cambia a su hijo el video de la tablet.