El eterno minuto de la muerte
Afuera hay un
movimiento indefinido. Decenas y decenas pueblan la plaza, agitan las banderas,
gritan, aplauden. Perón le habla al pueblo en este día del trabajador y una
parte suya querría estar ahí.
—Vine apenas me
avisó el Pollo —dice ella—. Ya estoy acá. —Y mira que la máscara de oxígeno
esté bien colocada y que los paños sobre la frente no chorreen y que a su padre
lo cubra bien la sábana—. Ya estoy acá.
Compañeros, arenga
el general, hace veintiún años que en
este mismo balcón, y con un día luminoso como el de hoy, hablé por última vez a
los trabajadores argentinos. El padre no puede abrir los ojos, no puede
hablar, no sabe bien qué está pasando. Pero la siente. Su hija vino después de
tanto tiempo. Por fin, ella está ahí. ¿Pasaron tres años? ¿Cuatro? Los ruidos
de la calle trepan por las paredes del sanatorio como babosas negras, como
espectros oscuros. Se entrometen, se filtran por las hendijas de la ventana y
lo pegotean todo. Se le escurren a ella en la cabeza y la distraen de la pena
de estar ahí sola, al lado de su padre enfermo. Fue entonces cuando les recomendé que ajustasen sus organizaciones,
porque llegaban días difíciles. Afuera se oye un gran revuelo. Los dos lo
escuchan. Y no me equivoqué, pese a esos
estúpidos que gritan. Y en ella se pelean las ganas de estar en la plaza y
la angustia de este cuarto, de este encierro triste, de esta pena de no poder
conversar con su papá una vez más. Él está adormecido y la fiebre lo confunde.
Ella le cambia el paño de la frente y sigue, como distraída, los cantos de la
calle. ¡Qué pasa, qué pasa, general, está
lleno de gorilas el gobierno popular! Y él está pero no está, siente y no siente.
Cree saber que su hija está con él y le crece el deseo de abrazarla, de darle
las gracias, de decirle tantas cosas: que se equivocó, que siguen sin gustarle
esos tipos con los que anda pero que se le hizo eterno el tiempo sin ella. Que
el día que apareció en la casa con Fernando, él supo inmediatamente que ese hombre
no era bueno, se dio cuenta enseguida de que la iba a llevar por un camino
peligroso, que le iba a meter ideas raras en la cabeza, que iba a tratar de
echarla a perder. Y ahora quisiera decirle que la preocupación no lo dejó
tranquilo en todos esos años. Que la extrañó, que la quiere tanto. Y hoy resulta que algunos imberbes pretenden
tener más mérito que los que durante veinte años lucharon. Afuera sigue el
bullicio de la muchedumbre y, como escondida entre la gente, está la voz del
general. Y entonces ella toca apenas con dos dedos la mano de su padre y la
siente fría. Y piensa que estuvo tan equivocada. No debería haberlo dejado
solo. ¡Qué egoísta! ¿En qué estaba
pensando? ¿Cuáles habían sido sus ideales? ¿Esta lucha que ahora ya no sabe si
es la suya? ¿Por eso se había ido, por la lucha? Por eso y por Fernando. ¡Tanto
tiempo sin saber nada de su padre! ¿Cómo había podido? ¿Cómo pudo? ¡Qué pasa, qué pasa, general, está lleno de
gorilas el gobierno popular! Y ahora
todo parece ridículamente inútil y él está ahí, con ese cáncer maldito
recorriéndole el cuerpo y ella, sin saber qué hacer, porque lo quiere, vos
sabés papá que yo te quiero, ¿no? Por
eso, compañeros, quiero rendir homenaje a esas organizaciones que han visto caer
a sus dirigentes asesinados. Ya no sé si te lo dije alguna vez, papá. Te
quiero mucho. Y fui tan estúpida. ¡Qué
pasa, qué pasa, qué pasa, general, está lleno de gorilas el gobierno popular!
¡Montoneros, montoneros, montoneros!
El padre siente los dedos de su hija y quisiera tocarla. Quisiera
devolverle la caricia. Quisiera tenerla otra vez entre los brazos, como cuando
ella era una chiquita y él, un hombrón fuerte y bigotudo, y bailaban juntos al
compás de Fred Astair. Si solo pudieran bailar una vez más. Y ahora resulta que, después de veinte años,
hay algunos que todavía no están conformes. Él piensa que lo ocurrido es
una espina en su memoria. Ojalá no se hubiera ofuscado tanto aquel día. Ojalá
no se hubiera puesto tan firme. Ojalá hubiera sido más comprensivo, más
compañero, menos cabrón. Ojalá hubiera podido guiarla con mayor sabiduría.
Ojalá le hubiera dicho que la quería.
Decir te quiero no es sinónimo
de blandura, ahora se da cuenta. ¡Conformes,
conformes, conformes, general, conformes los gorilas, el pueblo va a luchar! Abrazarla
en un baile y decirle que la quiere. No
es un acto banal. Si la tiene ahí sentada, con la preocupación del bullicio de
ahí afuera pinchándole las sienes y con esas manos chiquitas tocándole los
dedos. Cheek to cheek. Ojalá pudiera
bailar Cheek to cheek una vez más. Por eso, compañeros, si los malvados no
cejan, hemos de hacer. La
respiración del padre se agita y ella se preocupa. Le gustaría poder aliviarle
los dolores y la incomodidad y la tristeza de estos años que pasaron en su
ausencia. Y le encantaría decirle que ya está, que ya pasó, que no importa que
él la echara de la casa, que le gritara montonera de mierda. Ahora le
encantaría volver el tiempo atrás, regresar a los días en los que eran solo
ellos dos en el mundo. ¡Conformes,
conformes, general, conformes los gorilas, el pueblo va a luchar! ¡Aserrín,
aserrán, es el pueblo el que se va! Y
le toma la mano y la siente tan helada. Y ve que se está azulando poco a poco
el brazo de su padre. Y lo acaricia con dulzura y percibe el frío que crece. Y
las lágrimas le ruedan silenciosas. Y ve en el cuerpo enfermo la lucha entre la
vida y la muerte. Ve la pelea entre la fiebre de las ansias y la frialdad de
los últimos momentos. Y traga pena y piensa te quiero papá, vos lo sabés. Compañeros, lleven a toda la clase trabajadora
argentina el agradecimiento del gobierno. Y ya no importa nada del afuera.
¿Ya no importa nada? Cheek to cheek, él se va a levantar de la
cama y va a alzar a su hija por el aire y va a girar y le va a decir te quiero
mucho. Como nunca antes le salió. Te quiero mucho, hijita mía.
Tequieromuchohijitamía. Y heaven, i´m in heaven. ¡Conformes, conformes, conformes, general, conformes los gorilas, el
pueblo va a luchar! I´m in heaven
and my heart beats so that I can hardly speak. ¡Aserrín, aserrán, es el pueblo el que se va! I´m in heaven and my
heart beats so that I can hardly speak. Compañeros,
puedo asegurarles que los días venideros serán para la reconstrucción nacional
y la liberación del pueblo argentino. Ya no importa, no. Ella le toma la mano
con firmeza. No te mueras, papá. No te mueras todavía. ¡Conformes,
conformes, conformes, general, conformes los gorilas, el pueblo va a luchar!
¡Aserrín, aserrán, es el pueblo el que se va! Y girar y girar y bailar y
bailar. Y abrazarla y decirle que la quiere. I´m in heaven and my heart beats
so that. Será para la reconstrucción del
país y en esa tarea está empeñado el gobierno. Y el pasado que no importa.
Y ella que le sostiene la mano, la aprieta, la calienta. Estoy con vos, papá. ¡Conformes, conformes, conformes, general,
conformes los gorilas, el pueblo va a luchar! ¡Aserrín, aserrán, es el pueblo
el que se va! Y ese ruido inmundo
que la toca desde afuera y le zumba en los oídos como un mosquito pendenciero.
Y el frío, que va ganando la batalla, que crece en el cuerpo recostado del
hombre enfermo de cáncer. Y, entonces, el aire se atora en los pulmones
lastimados. Y la hija le aprieta la mano con tanta fuerza que le duelen los
dedos. Papá, estoy acá. Sabés que te acompaño. Será también para la liberación del colonialismo y de estos infiltrados
que trabajan de adentro, revolotea el insecto. Y el hombre se sacude. Si
pudiera decirle que la extrañó. Si pudiera abrazarla y bailar con ella. Piensa
que tararea Cheek to cheek. I´m in heaven. I´m in heaven. Si solo pudiera
decirle que la quiere. Con una vez estaría bien. Por lo menos, una vez. ¡Aserrín, aserrán, es el pueblo el que se
va! I´m in heaven. Y él no puede respirar. El aire está detenido en su
garganta. Se ahoga. ¡Aserrín, aserrán, es
el pueblo el que se va! Estoy acá. Te sostengo la mano. ¿Me sentís? Estoy
acá. Queremos un pueblo sano, satisfecho,
sin odios, sin divisiones inútiles. Heaven, heaven, heaven. I´m in heaven.
En su mente baila y baila y baila. Y abraza a su hija y le susurra que la quiere.
And my heart beats so that I can hardly speak. Sabe que está soñando y tose
dormido. Tose. Tose y se ahoga. ¡Aserrín,
aserrán, es el pueblo el que se va! ¡Aserrín, aserrán, es el pueblo el que se
va! Tose. Tose un ahogo seco.
Heaven, heaven. ¡Aserrín, aserrán, es el
pueblo el que se va! Tose y abre los ojos muy grandes. Son ojos
transparentes. Son ojos ciegos. ¿Son los ojos de la muerte? Para finalizar, compañeros, les deseo la mayor fortuna y espero poder
verlos de nuevo en esta plaza el diecisiete de octubre. Y el hombre tose
una última vez. Y se le incrusta el anhelo en la garganta. Y el aire es una
bola inmunda que se detiene en su pecho. Heaven heaven heaven. Y la boca
permanece seca, abierta en un ahogo, en ese grito profundo y mudo que es la
imposibilidad de decir finalmente lo que tiene atragantado.