viernes, 28 de marzo de 2014



La madre de los zapatos rojos entra en la sala de espera. Carga su bolso de Prüne, su Blackberry, su niñito de dos años y camisa cuadriculada.

Se sienta en la sala de espera y acomoda a su hijo sobre las piernas. Cuando el niño dice “ah”, le muestra uno y mil videos en el celular. El chico se revuelve en la falda de su madre y la mujer se impacienta.

—¿No te gustan estos videos?— le pregunta y no espera respuesta. Saca de su bolso una tablet para niños, la enciende y se la coloca al chico en las manos. — Mirá— le dice, como si fuera necesario.

El niño abre sus ojos y su boca.

Suena el blackberry y la madre, nerviosa, lanza a su hijo por los aires. Vuelan el chico y la tablet infantil y se estampan con estruendo contra el piso.

La madre de los zapatos rojos mira los mensajes de su teléfono, levanta a su hijo lloriqueante y comprueba si la tablet sigue ofreciendo sus servicios. Todo al mismo tiempo.

—Casi— le dice a la persona que espera a su lado. Y sigue con su celular y le cambia a su hijo el video de la tablet.